Monólogo
Deja en paz al bichito
Me salió hace poco un debate de gente vegana hablando de la diferencia entre el veganismo como postura política y el veganismo como estilo de vida, o casi como estética. Señalaban algo que siento que es importante que tengamos en cuenta dentro de las conversaciones sobre el veganismo y que quiero comentar aquí. Dicho esto, siento que solo nos podemos permitir matizar de esta manera cuando estamos hablando con gente que ya entiende y acepta unos mínimos de respeto por la vida de los demás animales —parto de ahí como premisa.
Siento que hay una forma de ser vegane que tiene que ver con sentir cariño y curiosidad por la vida del resto de los animales y, aunque sea mejor eso que odiarlos y comértelos, siento que el cariño no es una buena base para construir un mundo en el que les animales no sean oprimidos.
Está muy claro que la actitud de superioridad y desprecio respecto de “La Naturaleza” está mal y nos acabará matando a todes, PERO creo que reconocer la parte animal de nuestra propia condición y deconstruir la idea de nuestra superioridad respecto al resto de los animales no debería llevarnos a defender un ingenuo naturalismo, como algunes veganes parecen hacer.
Lo que siento que sería realmente útil (como señala la ecofeminista Plumwood) es deconstruir la idea que tenemos de “La Naturaleza” como una entidad homogénea: “El término «naturaleza» en sí mismo participa de todos estos problemas, homogeneizando bajo el rótulo de «lo demás» cosas tan diversas como focas, olas y rocas, ostras y nubes, bosques, virus y águilas.” (Plumwood, 1993, p. 70)
Si la naturaleza se compone de un complejo colectivo de seres vivos e inertes que comparten un espacio y que tejen en él relaciones de toda índole de forma que, así como no podemos decir de “la naturaleza” que es una “femme fatal” que merece que la explotemos y la dominemos, tampoco debemos comprenderla como una “madre bondadosa” y siento que le/nos viene mejor que no lo hagamos. De nuevo cito a Plumwood:
“No tenemos la obligación de aceptar la disyuntiva de tratar a la naturaleza o bien como nuestra esclava o bien como nuestra dueña. No tenemos por qué asumir que la naturaleza es una esfera de armonía y paz con la que nosotros, como humanos, nunca entraremos en conflicto. Rechazar la noción occidental de la naturaleza implica una mirada cuidadosa, crítica y política a la categoría de naturaleza.” (Plumwood, 1993, p. 37)
A lo que voy con esto es a que la relación que guardaríamos, en un mundo ideal, con les animales sería compleja y polifacética. No les conviene la estética hippie, princesa Disney o susurrador de caballos. Respetar a nuestro entorno natural y sus habitantes no pasa solamente por amar y abstenerse, sino, quizá de forma más acuciante, por descentrarnos, dar un paso atrás y dejar en paz.
Me irrita un poco cuando personas que ya se supone que han dado pasos en esta direccion (que son veganas, que son antiespecistas) se niegan a respetar y aceptar el miedo que nos tienen otros animales salvajes; a dejar en paz a los bichos que no tienen forma de resistirse a que los levantes cuando quieras; a comprender y respetar el consentimiento de las mascotas; a no dar de comer a los babuinos o a mantener las distancias con los manatíes. No solo abstenerse de más violencia —que obviamente es necesario— sino abstenerse también del cariño cuando solo nos beneficia a nosotres y a nuestra auto-imagen.